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Vida útil del calzado de seguridad: señales que muchas empresas ignoran

vida útil calzado de seguridad

Hay un criterio muy común para reemplazar el calzado de seguridad en las empresas mexicanas: esperar a que se rompa. Mientras el trabajador pueda ponérselo y caminar con él, el calzado “sirve”. El problema es que la vida útil del calzado de seguridad no termina cuando el calzado se destruye visualmente. Termina mucho antes, cuando deja de cumplir la función para la que fue diseñado, aunque por fuera parezca en buen estado.

Un calzado con suela desgastada ya no antidesliza. Una puntera golpeada ya no absorbe impactos al nivel certificado. Una bota con corte resquebrajado ya no protege contra humedad ni químicos. En todos esos casos, el trabajador sigue creyendo que está protegido. Y esa falsa sensación de seguridad es más peligrosa que no tener calzado en absoluto.

¿Cuánto dura el calzado de seguridad?

No existe una fecha de caducidad universal. La vida útil del calzado de seguridad depende de tres variables: la intensidad de uso, las condiciones del entorno y la calidad del material. Un par utilizado ocho horas diarias en construcción no dura lo mismo que uno usado cuatro horas en almacén. Como referencia general, los fabricantes y normas europeas sugieren revisar el calzado de seguridad cada seis meses en uso intensivo y reemplazarlo cuando presente cualquiera de las señales que se describen a continuación, independientemente del tiempo transcurrido.

Lo que sí establece la norma mexicana es la obligación de gestionarlo. La NOM-017-STPS-2024 exige que el patrón cuente con procedimientos documentados de revisión, mantenimiento, reposición y disposición final del EPP, y que lleve registros de cada entrega y reemplazo. “Cambiar cuando se rompe” no cumple con esta exigencia.

Las señales que indican que es momento de reemplazar el calzado

Suela desgastada o con pérdida de grabado. La suela es el principal elemento antideslizante del calzado. Sus canales de drenaje y la profundidad del grabado determinan cuánta tracción ofrece sobre superficies mojadas, aceitosas o irregulares. Cuando el grabado se aplana —aunque sea parcialmente— el calzado pierde una parte significativa de su protección contra resbalones, que según el IMSS representan una de las principales causas de accidente laboral en México.

Separación entre suela y corte. En calzados fabricados con adhesivos o costuras, esta separación es una de las fallas más comunes. Permite la entrada de agua, químicos y contaminantes, y compromete la estabilidad estructural del calzado. En calzado fabricado con tecnología de inyección directa —como el que produce LICA— este riesgo se reduce considerablemente porque corte y suela forman una sola pieza, pero el calzado debe igualmente revisarse ante cualquier signo de separación.

Puntera deformada o con impacto visible. Una puntera de acero o poliamida que ha recibido un impacto significativo puede estar internamente dañada aunque externamente parezca intacta. La deformación visible es señal clara de que el material absorbente ya cumplió su función y no está en condiciones de soportar un segundo impacto al nivel de la certificación original. Ese calzado debe retirarse.

Corte resquebrajado, agrietado o con costuras abiertas. El cuero natural, la piel y los materiales sintéticos se degradan con la exposición a calor, humedad y químicos. Un corte con grietas visibles ya no ofrece barrera contra agentes externos. En entornos con riesgo químico o biológico, esto puede ser una exposición directa para el trabajador.

Plantilla deteriorada o con mal olor persistente. La plantilla acumula humedad, bacterias y desgaste mecánico con el uso. Su deterioro afecta directamente el soporte del arco, la amortiguación y la higiene. Un olor persistente que no desaparece con limpieza indica contaminación profunda del material. La NOM-017-STPS-2024 prohíbe el uso compartido de calzado precisamente por el riesgo biológico que esto implica.

Falta de ajuste o deformación de la horma. El calzado que se ha deformado por el uso ya no ofrece el soporte lateral ni la estabilidad para la que fue diseñado. Un trabajador que “flota” dentro de su calzado está expuesto a esguinces y caídas con mayor frecuencia que uno con calzado bien ajustado.

Después de un incidente de alto riesgo. Si el calzado estuvo expuesto a un derrame químico significativo, a un impacto de alta energía o a inmersión prolongada en agua contaminada, debe retirarse y evaluarse antes de volver a usarse, aunque no presente daño visible. Algunos daños en los materiales de protección no son observables a simple vista.

Lo que la norma exige en la práctica

Para las empresas, contar con un programa de reposición de calzado no es solo una buena práctica: es una obligación legal desde la entrada en vigor de la NOM-017-STPS-2024. Este programa debe incluir la frecuencia de revisión, los criterios de retiro, el responsable de la inspección y el registro documental de cada reemplazo con firma del trabajador.

Para los distribuidores, entender estos ciclos es una oportunidad directa. Un cliente que conoce la vida útil real de su calzado es un cliente que compra con regularidad y que confía en el asesoramiento de su proveedor. La reposición no es solo venta: es servicio.

En LICA tenemos el calzado que sigue cuando el anterior ya cumplió su ciclo

Mantener inventario disponible y garantizar tiempos de entrega confiables es tan importante como el calzado mismo. En LICA contamos con una línea completa de calzado de seguridad —botas de trabajo, botas de PVC, tenis de seguridad, calzado dieléctrico y calzado de mujer— fabricada con tecnología de inyección directa y disponible para empresas y distribuidores en toda la República Mexicana. Porque la protección que se interrumpe deja de ser protección.

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Fuentes:

  • Secretaría del Trabajo y Previsión Social (STPS) — NOM-017-STPS-2024
  • STPS — NOM-113-STPS-2009, Calzado de protección
  • IMSS — Estadísticas de riesgos de trabajo, accidentes por caída y resbalón, 2023

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